La sabiduría popular se remite a cuentos y chascadillos para escudriñar, analizar, comprender la cruda realidad en la que estamos sumidos. Ella, esa rara sabiduría de dominio público, no sabe de políticas macroeconómicas, de engolados discursos del Presidente del FMI, ni de disertaciones de los/as Merkes y Sarkozy de turno. La vieja sabiduría, aquella a la que se refería el Quijote cuando hablaba de los proverbios como: “sentencias cortas extraídas de experiencia larga”, se remite en este caso a la vieja fábula de la hormiga y la cigarra. Mientras la cigarra dilapidaba el producto de la generosa naturaleza en tiempos de bonanza, la hormiguita laboriosa, guardaba sacrificada toda suerte de provisiones a la espera del amenazante, inevitable y cruel invierno. Posiblemente la vieja fábula en los tiempos de farsa continua (¿cuando no estamos en campaña electoral, por Dios?) se haga difícil de escenificar por lo desdibujado de los personajes, pero todo el mundo con más o menos acierto le pone rostro a las cigarras, animalitos que por otra parte –tal como aparecían en una no muy antigua película de dibujos animados- no sólo se dedicaban a esquilmar todo lo que alrededor encontraban sino que –además- robaban sin pudor ni compostura a las trabajadoras hormiguitas. Me sigue sacando de mis casillas cada vez que oigo esa indecente cantinela de “claro como hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” la crudeza del invierno es nuestro inevitable destino porque así nos lo hemos buscado. Ante tamaña sandez, mi pregunta siempre fue la misma ¿Y quién vivía por encima de sus posibilidades? Posiblemente más de un incauto así lo ha hecho, sin duda inducido por la detestable cigarra, bicho inmundo que campaba a sus anchas en los graneros de la banca, entre los insensatos, los mediocres, los desaprensivos que viven de la política, en definitiva de entre toda esa suerte de trileros, que digámoslo sin ambages, nos han estafado y robado el fruto de nuestro modesto trabajo. La hormiga, amable radio-oyente- somos tu y yo: modestos asalariados que administran su sacrificio diario por el bien común de su familia y el hormiguero.
(Colaboración del mes de octubre en SER Multimedia giennense)

