
Al principio...
Vivimos, o así me parece, una época un tanto convulsa y necesitamos o mejor: necesito obligarme al ejercicio gimnástico, y no precisamente al estético sino al ético. Necesito hacer ejercicio de prudencia, de templaza, de fortaleza, de responsabilidad, de rigor, de entereza, aunque también de arrojo, de esfuerzo, de audancia, de ardor y de quién sabe cuantos otros "músculos" que pueda tener atrofiados. Este espacio, esta "quinta columna" tiene vocación de "banco gimnástico" y por más barbaridades que escupa o vomite, tibiezas por los que me deje llevar o lisonjas merecidas o inmerecidas regale, será mi cuerpo, será mi alma la que habrá de sufrir o gozar. ¿Religión, filosofía, salud mental? Que cada cual coja su "banco" o su cruz y participe con ilusión de la olimpiada de la vida.
jueves, 10 de febrero de 2011
Quienes somos la red

viernes, 4 de febrero de 2011
La flores del almendro.

Los últimos días de enero, en circunstancias de ordinario, los almendros florecen causando una natural fascinación. Pocos saben que en estas fechas, es costumbre desde antiguo -especialmente en el medio rural- regalar a la mujer amada un ramito de flores de almendro. De esos hombres rudos, tímidos, rústicos y de manos encallecidas salían las más bellas declaraciones de amor sin palabras. “La primera flor con la que se ilumina la primavera eres tú”. “Eres la luz, el color, el aroma, la flor que rompe con el duro invierno, con la tristeza, la soledad y anuncia una nueva primavera en mi vida”. Cuatro pequeñas y frágiles florecillas contenían más honestidad, amor y pasión que la más cara y exótica de las orquídeas u obligado regalo del “San Valentín de los Grandes Almacenes”.
Aún andamos de duelo por los tres recientes asesinatos perpetrados sobre mujeres. Mensajes de indignación, dolor y repulsa se repiten por doquier. Con razón. Pero tras recobrar un poco el sosiego, da la impresión de la sola existencia de gente que intenta defender de manera numantina la razón de una institución pública, una ideología política e incluso ciertas actitudes de androfobia. El resto guarda silencio. A mi juicio, y siendo políticamente correcto, una gran mayoría de hombres y mujeres se aman, y del amor que se profesan forman proyectos de vida en común, crían hijos, sostienen familias y vertebran sociedad. El potencial familiar es valiosisimo, profundizar en los secretos de la convivencia, ponerlos en valor, edificarlos y enseñarlos a nuestros hijos e hijas será el mejor de los instrumentos para luchar contra los desalmados. Regala una ramita de almendro, sin palabras, sólo con brillo en los ojos. ¡Venga hombre! Va por ellas.
jueves, 13 de enero de 2011
Una antigua presentación de power point con plena vigencia
Agradecido a todos los artistas de las imagenes.
viernes, 7 de enero de 2011
2010. El año en el que perdimos la inocencia.

Fue el año en el que descubrimos que tras pagar las deudas de las entidades financieras dijeron que las arcas del estado no estaban para cubrir previsiones de futuro y deberíamos de cubrir los agujeros los asalariados. Fue el año en el que periodistas de postín con regodeo y desdén hacían chufla de la clase trabajadora. Fue el año en el que esos mismos comunicadores que se autodenominaban progresistas les cambiaban la cabecera a sus empresas sin que nadie los echara de menos. Fue el año de los trileros de lujo, los que con una mano nos enseñaban el sonajero y con la otra metían mano a nuestra pobre cartera.
Fue el año de la quintaesencia del individualismo, en la que algunos se desgañitaban hablando de derechos individuales mientras se olvidaban que lo que queríamos es ser personas. Fue el año en el que anatemizaron de las religiones pero a nadie se le ocurrió hacer la más mínima propuesta de compostura ética alternativa. Fue el año de las imposturas: ahora tenga hijos, ahora no; ahora bienvenidos los inmigrantes, ahora no; ahora tomen y gasten ahora no; ahora paguemos por dispensar atención a los dependientes, ahora no. Fue el año de la ruina de pequeñas empresas locales, fue el año de la pobreza de muchas familias, fue un año triste, aunque algunos con sus kilos de maquillaje dispensados por sus asesores de imagen, reían, sonreían y se carcajeaban a veces, incluso, con sonrisa amenazante. Fue el año en el que, encima, tuvimos que aguantar aquello de “es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades”, y por más que intentamos hacer memoria no recordábamos la última vez que nos compramos unos zapatos nuevos.
Pero también fue el año en el que la solidaridad comenzó a renacer por debajo y los mas humildes aprendieron a darse la mano, los esposos a superar su individualismo de sexo y se centraron a ser uno, los hijos a aplicarse ilusionados por construir el futuro y vivir con la mirada puesta más allá del presente, los vecinos a confiar en los vecinos, las personas empredieron proyectos juntos. Sólo aquellos que a diario nos preferían sectarios, sus filas se vieron mermadas. Fue el año que perdimos la inocencia y descubrimos que no podíamos vivir sin ingenuidad.
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jueves, 9 de diciembre de 2010
La catarsis controlada del puente y mi amiga la tierra (dos articulos por el precio de uno)

Mire usted que mala suerte y fatal casualidad: los controladores les han dado el “puente” a los que deseaban hacer uso del mismo y disfrutar de su merecido descanso; también se lo han dado a distintas empresas españolas que pretendían dar servicios a españoles (los pobres extranjeros no saben lo que se pierden por no celebrar la Inmaculada y nuestra Constitución). Y a propósito de esta última, gracias a los controladores hemos aprendido que en el artículo 116 se habla de Estado de Alarma. Por el contrario, “gracias a los controladores”, se nos ha hurtado la posibilidad de reflexionar y tal vez debatir sobre, por ejemplo, el art. 40 “Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico..... De manera especial realizará una política orientada al pleno empleo“. O tal vez sobre el art. 35 “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y la de su familia, sin que en ningún caso pueda hacer discriminación por razón de sexo. O quizá el art. 41: “Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso desempleo. O del art 47, vivienda digna; o del art 50, pensión adecuada. En fin: silencio a la Constitución hablan los mercados. ¡Qué jodidos los controladores! ¿A cuantos ascenderán el total de los damnificados?
lunes, 29 de noviembre de 2010
La vida es así de simple

Se llama... bueno me vais a permitir dejarlo en el anonimato, tiene 58 años, es padre de familia. Lo conocí cuando teníamos, respectivamente 18 y el 23 años; trabajábamos en una Gestoría, aunque yo, el más jovencito, estudiaba en el "Nocturno" para antes o después buscarme la vida en la Administración. Él, era un tipo alegre, diligente como tantos otros que habían echado los dientes en este tipo de trabajo. Marche de allí, conseguí mis primeras oposiciones. Él, quedó, feliz y conforme con lo que tenía, tampoco tenía título o formación reglada con la que dar el salto a otro sitio. Se hizo su familia, crió a sus hijos, mientras las horas y las horas extras sumaban en su haber.
Las gestorías como otros tantos negocios, sucumbieron aquellos que menos supieron adaptarse a los nuevos tiempos, y sin saber ni como ni por qué, mi antiguo compañero se vio en la calle. Agotó el desempleo y ahora se encuentra en el límite de la percepción del subsidio de los 400 €. Me consta que ha luchado con uñas y dientes por trabajar donde sea, por sobreponerse a su mala fortuna. Pidió un préstamo de 6000 € para abrir una tiendecita de chuches. No le fue bien y solo añadió un préstamo a la hipoteca de 300 € con la que está pagando por su vivienda. Hace algunos días le cortaron la luz y Hace pocas horas su destino era la Cruz Roja, por ver si le pueden dar alguna ayuda alimenticia.
A principios de los noventa me tiré algunos años en Cáritas, conocí esa pobreza instalada en una parte de nuestra ciudad que corroe las tripas y sonroja al más frío e inexpresivo. Algunos de esos pobres, eran los que llamabamos “profesionales”, personas que necesitaban cubrir sus necesidades más básicas pero hechas a vivir de las caridades institucionales, por consiguiente también necesitadas de procesos más complejos de inserción social y laboral. Estos casos, los de hoy, los de la persona a la que les hacía referencia, los que el "sistema" a expulsado y condenado a la práctica de la indigencia, no necesitan “reeducación”, no son de los de la "sopaboba", como de forma cruel algún columnista y algún que otro político se refería a los primeros; son personas cómo tú y como yo, avergonzadas, humilladas por su mala suerte, por la fatalidad, por el destino. Aunque yo sigo pensando que esa fatalidad alguien la ha urdido tanto por acción como por omisión.
Pero no quiero terminar sólo proclamando mi indignación, así que me van a permitir que les diga que en un lugar que conozco en profundidad: mi asociación -Objetivo Vida-, son cientos las personas a las que tenemos en esa situación y a las que por más que nos empeñamos y esforzamos no podemos darle respuestas. No os pido dinero, aunque los trabajadores de la Asociación llevan meses sin cobrar porque la Administración no termina de saldar sus deudas, os pido simple y llanamente que si alguien sabe de algún trabajo para alguno de tantos de nuestros demandantes en general, nos lo comunique, y en particular (permitidme esta debilidad) para un buen oficinista de 58 años con un muy difícil porvenir. La vida es así de simple.