No están los tiempos como para “no hacer nada”. En efecto, me parece un insulto para la inteligencia y una falta de respeto para el ser humano hurtar de cualquier proceso pedagógico, conocimientos y experiencias que ayuden a formar a seres humanos con aspiración a ser personas. Algunas de las caricaturescas alternativas habidas a la asignatura de la religión no hacen a esta buena,. al igual que desafortunadas experiencias, especialmente del pasado reciente, hacen mala a ésta. La asignatura de Religión en mi bachiller fue impartida por el sacerdote Carmelo Iríbar, y mi recuerde de él es entrañable. En un Colegio duro, como él ya desaparecido San Agustín en Jaén, este hombre portaba y transmitía valores dignos de encomio y los envolvía y explicaba desde la fe católica. No todo el mundo puede contar experiencias positivas, pero aunque así fuere, no sería legítimo hurtar a nuestros niños y jóvenes de la formación religiosa. Aunque no estaría de más una generosa revisión de los contenidos de aquellos que –tanto desde la laicidad como desde lo religioso- pretenden, de buena fe, ofrecer una robusta formación a nuestros jóvenes. Todo menos la improvisación, la ocurrencia o la negligencia. Tenemos un pasado rico en experiencias, donde la religión ha hecho mucho por la formación, quizá sea el momento de devolver el favor. Claro que, hasta para recibir, hace falta ser muy generoso.
Al principio...
Vivimos, o así me parece, una época un tanto convulsa y necesitamos o mejor: necesito obligarme al ejercicio gimnástico, y no precisamente al estético sino al ético. Necesito hacer ejercicio de prudencia, de templaza, de fortaleza, de responsabilidad, de rigor, de entereza, aunque también de arrojo, de esfuerzo, de audancia, de ardor y de quién sabe cuantos otros "músculos" que pueda tener atrofiados. Este espacio, esta "quinta columna" tiene vocación de "banco gimnástico" y por más barbaridades que escupa o vomite, tibiezas por los que me deje llevar o lisonjas merecidas o inmerecidas regale, será mi cuerpo, será mi alma la que habrá de sufrir o gozar. ¿Religión, filosofía, salud mental? Que cada cual coja su "banco" o su cruz y participe con ilusión de la olimpiada de la vida.
lunes, 1 de abril de 2013
PROPUESTAS VITALES PARA SALIR DE LA CRISIS.
Hace algunos años me sorprendió hasta la perplejidad un juego de “rol” con el que se divertían unos chicos. el usuario tiene un reto por delante: conquistar o ganar algo y vencer obstáculos, ya sea “matando zombies” o superando otro tipo de inconvenientes. A lo largo del juego se dispone de una serie de “armas” o “refuerzos” que facilitan el progreso del protagonista. Cual mi sorpresa, los recursos extraordinarios no eran otros que paquetes u objetos que simbolizaban la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Sí, las virtudes cardinales. De la sorpresa a la comprensión.
En efecto, las virtudes forman parte del contexto religioso, lo extraordinario, en este caso, es haber transcendido el mismo de forma tan peculiar. Atisbo cierta avidez de ir al encuentro de valor, ojala o quede sólo en el estadio de lo épico. Tal como está el patio (les ahorro referencias) es preciso poner de relieve ya sea virtudes o actitudes que hagan de la vida de los jóvenes y adultos algo digno de ser vivido. Los referentes y los valores siempre son importantes. Salvando las distancias, algunos juegos de rol aspiran a ser actualizadas novelas épicas. Aunque la cuestión, a mi juicio, es que siempre habrá quién busque una vida más recia y no se resigne al panorama actual donde las “armas” del juego son la hipocresía, la corrupción, la avaricia y la perversión.
Escéptico, que no descreído.
Ante tesituras como esta me tienta empezar invocando esa última escena de la película Blade Runner:. “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. ....” En efecto he visto cosas que me hacen ser tremendamente escéptico. Me gustaría creer en algunas mínimas bondades. ¿Quién se resistiría a tu propuesta “por una educación libre, gratuita y de calidad”? Yo desde luego que no. Respecto a la economía de costes, ambos sabemos que no es el fondo del asunto. Sobre la elección del colegio concertado o público en función de la instrucción académica de los padres. Mis hijos han estado en ambas opciones. La decisión adoptada en mi familia, han estado relacionadas con la proximidad del centro escolar, a sabiendas -claro está- que el centro era gratuito y los profesores gente seria y comprometida con su oficio. Y sobre esta última cuestión, creo estar en condiciones de opinar que los maestros -por lo general, y de Jaén, que son los que conozco- así lo son. ¡Ah! y vuelvo a lo anterior: si papa y mama con formación universitaria no envían a su niño -que digo yo- a un colegio público situado en el Barrio de la Magdalena, estoy seguro que es simple y llanamente porque no es su entorno vecinal próximo, aunque el colegio fuera una maravilla (como me consta los hay). Por el contrario, un vecino de este barrio no tendría inconveniente alguno -si así se lo autorizaran- a enviar a su niño a la otra punta de Jaén. Seguro que nuestros amables lectores poseen la conclusión al enigma. Termino. El fondo de la cuestión, en parte, tu lo expresas, es de gestión y yo añadiría, de credibilidad de nuestros líderes políticos y religiosos. ¡Ah! Ojala la discusión fuera por motivos ideológicos, éticos o de fe.
Desempleo juvenil
Hacer un par de días Eurostat, la oficina estadística europea, una vez más, aumentaba las
razones para la angustia y pesimismo. E desempleo juvenil sigue en alza: en España, el 57,6% de los menores de 25 años está en paro. Se trata de una cifra récord sólo igualada por Grecia, cuya tasa de desempleo juvenil es también del 57,6%.
En el conjunto de la Unión Europea, es del 22,2 % y las tasas más bajas de desempleo entre
la gente joven se registraron en Alemania (8,1%), Austria (9%) y Holanda (9,7%).
No sé lo que están haciendo en esos países o en el resto de Europa, me imagino o constato
que la crisis ha empobrecido a todos, o eso quiero creer. En cualquiera de los casos -y a losdatos me remito- al menos, parece que a los jóvenes no los han dejado tirado tal cual vulgar colilla. Aquí, en España, el dato produce algo más que escalofrío,produce pavor.
No soy capaz de entenderlo. Por momentos, me da la sensación, tal como si a quién le corresponda, hubiera tirado la toalla. Que emigren, hala que marchen, que se busquen la vida por ahí, así aliviarán la presión de las cifras, así hasta puede parecer que hemos hecho algo.
Por otra parte, incrementar la edad de jubilación significa simple y llanamente taponar la posibilidad de incorporarse a los escasos puestos de trabajo existentes. Por no hablar de lo incompresible que resulta explicarse cómo es posible que personas que han cruzado ya el umbral de los 60 años y por lógica biológica sus facultades van en declive y su nivel de riesgo a enfermar va en aumento, se les retire o disminuya distintos recursos de protección de la salud, a la vez que se les obligue a que mantengan a sus hijos, esos que engrosan las cifras antedichas.
De verdad, que me lo expliquen. Sé que vivimos tiempos de escasez, se que nos toca pagar los platos rotos que unos y otros destrozaron en sus fiestas. Se que nos toca hacer esfuerzos, pero sigo sin poder explicarme cómo los más ricos están consumiendo y permitiéndose más lujos que nunca (no es una expresión gratuita a las estadísticas de venta de coches de lujo me remito, entre otras) y las clases medias y los más pobres se han empobrecido (valga la redundancia) más allá de todo límite razonable.
lunes, 7 de enero de 2013
Enigmático desconocido.
Ese
enigmático y taciturno compañero de camino, ese tahúr que se
resiste a mostrarnos sus cartas . Ese intrigante al que Intuimos sus
secretos propósitos, ese extraño amigo por el que brindamos sin
apenas conocerle. Ese impronunciable verbo que conjugamos en
imperfecto, perfecto y pluscuamperfecto. Ese indescifrable número
que a la vez que suma resta. Ese objeto de deseo que tememos más que
lo ansiamos. Ese al que su vejez quiebra en presente, su pasado en
muerte y en olvido. Ese frío e inescrutable ser al que los sanadores
tienden puentes; los charlatanes, los brujos, los sacerdotes de mil
cultos hacen negocio en su nombre; y los más simples mortales,
trabajamos, labramos, construimos, negociamos inciertos hacia su
encuentro.
No
esperéis nada de él, ignoradlo. Vivid ajenos a sus cuentas y
cabalas. Estrenad cada mañana vuestra mejor sonrisa, respirad
fuerte como si fuera el primer aliento de recién nacido, Acariciad
todo aquello que os rodea como si fuera la primera vez que lo
percibid. Dejad que las lágrimas inunden vuestros ojos por
sentimientos bien merecidos. Trabajad por vuestra pasión o por
vuestra sustento nunca por vuestra redención. Amad hoy, no lo dejéis
para mañana, el mañana tendrá otro afán y nuevas promesas. Soñad
con los ojos abiertos, si percibes la realidad tienes posibilidad de
cambiarla.
Si
en efecto me refiero al futuro. Suele adoptar nombre de guarismo, hoy
y durante 365 días se hace llamar 2013. Me niego a brindar por el.
Prefiero hacerlo por ti y contigo. Sin misterios, sin sortilegios, Y
si tengo que alzar mi copa, lo haría entonando la canción de Lluis
Llach “Más lejos, siempre mucho más lejos del mañana que ya se
acerca. Y cuando creáis que habéis llegado, sabed encontrar nuevas
sendas”.
Merece una oportunidad.
La navidad es
nostalgia, es añoranza, es recuperar de ese rincón perdido de la
memoria, los buenos deseos y no me refiero a esos tales como:
quitarse de fumar, adelgazar, hacer deporte, que puede que estén muy
bien, sino los de calado: ser mejores personas, más honrados,
honestos, sinceros, generosos, solidarios. Creo que siempre hay una
oportunidad para todo y posiblemente, en el invierno profundo, en el
recogimiento obligado del hogar, tras los cristales empañados es ese
oportuno momento para la reflexión, recomponer nuestro ánimo y
aspiraciones más elevadas, reconvenir y avenirse con nuestros
mejores deseos, realizar ese viaje a lo nuclear, al centro mismo de
nosotros mismos, a ese punto donde la fragilidad y la fortaleza
conviven en extraña armonía, donde la melancolía y la esperanza
comparten un mismo lenguaje, donde la pobreza parece sublimarse y el
derroche se impone en hipocresía.
Me gusta la Navidad,
pero no la Navidad ñoña, hipócrita menos aún ese esperpento
resultante de la vorágine de los mercaderes. Tampoco me gusta la de
los rituales vacíos, la de las tradiciones sin interiorizar, la que
pretende menoscabar la inteligencia de las gentes, las celebraciones
en el limbo. Me gusta la Navidad, sí, la de la tradición en la que
crecí, la que compartí con mis mayores, la que ardo en deseos de
compartir con mis hijos, con mi familia, la que forma parte de mis
creencias y de mi fe, y aunque si así no fuere, habría que
inventarla.
Caritas y crisis
Sí, sé
que me vas a decir que Cáritas es mucho más que eso. Lo sé, estuve
algunos años al frente de las mismas en la ciudad de Jaén y sé de
su sentido eclesial, al igual que si equivalente a justicia. Aunque,
la percepción de muchos es que resucita Cáritas, que es tanto como
decir vuelve la beneficencia. No sé si en tono peyorativo. Mira como
yo lo veo: contamos, o contábamos con una especie de ejercito que
había de enfrentarse a toda una pléyade de Jinetes de la
Apocalipsis. El ejercito en cuestión, comandado por líderes
políticos, económicos y también religiosos discurren en arduo
debate de cómo afrontar la batalla de la crisis . Ellos, fuera del
alcance del fuego enemigo, poseedores del avituallamiento y la
intendencia, han ido dejando caer línea tras línea a las exiguas y
hambrientas fuerzas del tercer sector, de la economía social y de
todos aquellos pequeños emprendedores (más parecidos todos ellos a
románticos guerrilleros). Mientras, el ejercito profesional:
políticos, banqueros, patronal se pertrecha cobarde y bien
alimentada. ¿Qué dónde esta Cáritas en esta batalla? Cáritas es
el último reducto, su meritoria labor es intentar hacer sobrevivir a
la indefensa población, Pero no da un paso adelante y quizá –tal
vez complacida en hipócritas lisonjas, no hace aquello para lo que
en realidad fuese destinada: LA DENUNCIA PROFÉTICA.
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